XXVI – Aranjuez 30 – 09 – 12

Aranjuez

 

  • Regla número uno: asegúrate de que sabes exactamente dónde va a ser el lugar de reunión cuando la salida sea en un lugar diferente del acostumbrado.
  • Regla número dos: si no cumpliste la regla número uno, entonces asegúrate de que sabes quién va a ir y tener grabados sus teléfonos.
  • Regla número tres: si no le atinaste a ninguna de las dos primeras, asegúrate de que tengas ganas de rodar solo.
  • Regla número cuatro: encomiéndate a Dios que los encuentres antes de la salida.

 

Faltando pocos minutos para la hora señalada, dirigiéndome ya hacia Velilla de San Antonio a esperar que pasaran por ahí, me encontré al bólido amarillo aparcado al lado de una gasolinera y me dije “Ya chingaste, Luisito. Aquí mero es.”  Fueron apareciendo los Manolos, Antonino, Paulino, los Davides (pero no los Goliates), Nacho, Alberto (cuy nombre se irá conmigo a la tumba como el culpable de innumerables cosas, todas malas), Ricardo, Pedro, Poten y al final el primerísimo Sebas.

 

Fresca la mañana, todos mis compañeros del día con chaqueta y alguno hasta con pantalones largos, me dispuse a ponerme los manguitos que alguien me aseguraba estaban guardados en mi bolsa (ese alguien era yo mismo). Pues resulta que al pendejo de su Charro Negro se le olvidó meterlos y me tuve que poner a cantar una versión modificada de “Ay Jalisco no te rajes” sustituyendo el nombre del mexicano estado por el propio. Los primeros kilómetros, hasta pasar Arganda, muy tranquilos y cómodos. Cruzando hacia Chinchón en una larga recta con una muy ligera pendiente empezó el desmadre habitual.  A mi me tocó en el corte, y para cuando la pendiente se hacía notar, estaba en tierra de nadie. Descolgado de los líderes y muy delante de los rezagados (al menos eso parecía con las curvas) cogí mi paso y subí solo el primer puerto, al final del cual me esperaba Pedro que había subido con los güenos pero se había detenido a lo que los corredores del Tour llaman “un arret pipi”. Pedro y aquel que le permite darle el nombre de “internacional” al mítico CC Hortaleza, continuaron a pasó seguro hasta llegar, tras bellas arboladas, al igualmente bello Aranjuez, en donde se rompió el record de “parada más breve” y tras brevísimos 10 minutos ya estábamos apoyando el culo sobre un superficie que de arranque se antoja breve para tal propósito. El Tigre de Matehuala, en un arranque de mariconés, tras pasar dos puestos de segunda o tercera, le pregunta a Antonino “¡Oh, sabio conocedor de las rutas de Madrid! ¿cómo están las subidas en el regreso?” “Ninguna” contestó el otro sabio de Hortaleza.  Así que confiando ciegamente en tal aseveración (y traía puestas las gafas) me dispuse a un tranquilo regreso hasta Mejorada.

 

Dicen que si quieres hacer reír a Dios lo único que tienes que hacer es contarle tus planes. A menos de cinco kilómetros de dejar Aranjuez, pinchó David (el que tiene un pleito a muerte con la capilaridad – pleito mismo que va perdiendo por goleada) tras caer en un bache más profundo que el que da habitación a la economía española. Yo (léase “el pendejo de yo”) inmediatamente metí el freno para esperar y vi alejarse con singular alegría a la mayor parte del pelotón. Esperando a que llegara el bólido amarillo de Sebas me doy cuenta de la grata (y rapidísima) compañía en la que  me encuentro: Manolo Aguilera, Alberto (el rápido en la bici, más que alguno de los rápidos en casarse con alguna Kaplowitz. Los “difuntos”, dirían en mi tierra, pues cuando se casaron con la Esther y con la Alicia, pasaron a mejor vida) y el antes mencionado y perjudicado David. “Ya me chingé” pensé “Estos jijos del máiz me van a llevar de corbata” pues la intención era alcanzar a los solidarios que nos estaban “esperando” rodando sin parar.  En la siguiente rotonda nos esperaba Antonino para señalarnos el camino (no del bien, ni del mal, simplemente el camino). Yo hice una promesa: aguanto, pero no esperen que haga relevos. La verdad es que fue de lo más divertido ir pasando a otros ciclistas en nuestro afán de alcanzar al resto del grupo. En su momento incluso intenté dar relevos, pero hay cosas que tienen razón de ser y otras que no. Entre las últimas se encuentra el que yo dé relevos cuando se va por arriba de 35 k/hora.  Finalmente alcanzamos al resto del grupo y pude confirmar que el seguir la ribera del Tajo nos libraba de las subidas que habíamos tenido de salida. Todo era alegría, pero cuando verdaderamente estuve más feliz fue cuando ya casi llegando torcimos a la derecha y me encontré cara al sol, con mi malliot nuevo y agradeciendo a mis compañeros y al Espíritu Santo que me hubiera otorgado una salida tan bonita.

 

Recuerdo a todos que esta semana también toca.

LUIS VIVANCO

Anuncios

Etapa Reina 2012 (Cesar)

Crónica corta de una etapa larga

Cuando una batalla es la más dura y sangrienta, se dice que es “la
madre de todas las batallas”, cuando una tormenta es la más fuerte “la
madre de todas las tormentas”. Pues la de hoy fue “La madre que la
parió de todas las rutas” u, opcionalmente, “La madre que parió a
Cesar de todas las rutas”.

Si lo de tener que levantarse a las 6 am en un domingo e fue lo de
menos, el que escogiera comenzar en Cerezo de Arriba, donde hay un
repecho de bajada de dos kilómetros con rampas apreciables que habría
que subir con piernas de gominola al final era pecata minuta, que
hubiera un puerto de 12 km por cada lado que habría que subir y luego
bajar para volver a subir (y bajar) era esperado y aceptable. ¿Pero el
puñetero rompepiernas que le seguía! Eso no tenía nombre. Hagamos el
cálculo, ante los trozos llanos que brillaban por su ausencia, podemos
decir que hicimos 50 kilómetros de bajada y 50 de subida (su Charro
Negro 50 de bajada y 45 de subida, para que no digan que lo escondo) y
que el desnivel acumulado andaba por los 2500 metros, podemos decir
que hicimos 50 kilómetros con una pendiente promedio del 5% (que
bajaba por los kilómetros cerca de Riaza y subían como la espuma con
las rampas del 8, 10 o 14% del rompepiernas).

Por el lado positivo, los paisajes eran absolutamente espectaculares,
la carretera en muy buen estado, y sin tráfico. Majaelrayo un pueblo
precioso en el cual parar un rato y el compañerismo siempre el mejor
(el único susto, es cuando nuestro conductor asignado, Luis Pimentel,
se quedó a esperar a los valientes que habían buscado los 130 km y a
momentos parecía como que íbamos a tener que llegar hasta Cerezo de
Arriba sin reabastecernos de agua, por suerte, apareció en la subida
de regreso al puerto).

Conclusión: la próxima vez que Cesar proponga una ruta, multipliquen
por dos el grado de dificultad que cuente, reduzcan en un 30% el
recorrido y prepárense a disfrutar de una gran salida. Cesar está
demostrando ser garantía.

Luis Vivanco

Navarrevisca 2012

En la película “Trainspotting”, el personaje principal se arroja dentro de un escusado lleno me mierda para recuperar una dosis de cocaína. Esto es lo que están dispuestos a hacer los junkies para obtener su droga. En fin, buena película, véanla si no la han visto ya. No sé ni por qué me acordé de ella.

 

En un tema no relacionado, el sábado pasado, último día del mes de junio, con España aun bicampeona solo de Europa, aquí su Charro Negro tuvo a bien levantarse a las seis de la mañana sin otro motivo aparente que subirse a un coche para, pasadas dos horas, bajarse solo para montarse en su bici y recorrer en compañía estéticamente mejorable algunas decenas de kilómetros cuya característica principal nunca podría ser definida como “llanos”. Primera advertencia, si han de ir en un coche con Javi Domínguez, no pongan música, es como poner a la vez  una estación musical y Marca Radio. ¡Y tan discreto que se veía el muchacho!.

 

A pocos kilómetros de la tierra que no vio nacer a Sebas, pero sí a su mujer, nos encontramos al buen Miguel en su primera demostración innecesaria de poderío bicicletil. Se rumora que le habían parecido cortos los kilómetros que teníamos planeados y había decidido agregarle otros 50, 25 en cada dirección desde su pueblo de fin de semana hasta la urbe de Navarrevisca. Perdón, quise decir la ubre de Navarrevisca, referente a una vaca que nos encontramos a la entrada al pueblo.

 

Primero, lo primero. A  nuestro Sebas le hacen bien los aires del campo y nunca lo he visto de mejor humor que al llegar y, luego, a lo largo del día (más sobre el tema, más adelante). Nomás bajarnos del coche, se nos acerca un pelao y nos pregunta a Onda Javi y a mi: ¿Es por aquí conde empieza la marcha turística El Sebas?”. “Aquí mero, mi buen” le contestamos cuando nos informó que el amigo, del primo del cuñado de un cuate que un día estornudó junto a él, era conocido de la tía del masajista de Manolo Villalobos, el mismo que le había informado de la marcha ciclista internacional (adjetivo adquirido gracias a la participación del mismísimo Tigre de Matehuala). Con eso, a la salida, que sucedió tras degustar un buen café y lenguas de gato en la amplia y acogedora casa de Sebas, teníamos dos integrantes agregados y bienvenidos a los que por diseño habíamos llegado hasta Navarrevisca.

 

Y ahora a lo divertido: el recorrido de los cojones.

 

Algo deberíamos de haber sospechado de la imborrable sonrisa Giocondesca que nos ofrecía Sebas antes de partir y que inocentemente asigne al gusto de tenernos a todos en su pueblo. Si hasta ternura me doy nomás de pensar en mi inocencia. El gusto, el primero de ellos, se lo daría no a la salida, sino a escasos 8 kilómetros de ella, cuando terminábamos la segunda rampa del día, de esas que hacen las delicias y los triunfos de Purito Rodríguez: cortas y empinadas, bueno, cortas para Purito, porque  a mi que me pongan dos repechos de entre 2 y 3 kilómetros con pendientes medias del 9% y tramos de 12-14% que terminen en 200 metros del 17% me parecen más largas que la proverbial Cuaresma. Y yo les pregunto, compañeros de sufrimiento, ¿qué tipo de mente sádica escoge posicionarse al final de la parte más dura a ver llegar a las víctimas del recorrido que él mismo diseño? Ahí tienen ustedes a su Charro Negro, escalando (nunca mejor dicho) el antes mencionado tramo del 17%,  buscando como si en la cuerda floja, el finísimo balance entre llevar suficiente oxígeno a los hambrientos músculos de mis piernas y no escupir los pulmones sobre el pavimento.  Con la mirada borrosa por falta de aire logro ver esa sonrisa de Gato de Cheshire, una sonrisa con vida propia, disfrutando de verme arrastrar ya no la cobija solo, sino la cobija y el petate. Me detengo junto a el portador de la sonrisa y no le digo nada, no por educación, pues lo que se me antoja decirle no puede ser repetido en estas páginas, sino porque estoy demasiado ocupado volviendo a acomodar los pulmones en su sitio habitual. “Estás gordo, por eso te costó tanto” oigo que me dice, agregando insulto al daño.  ¡Insensato, jijo de la tiznada! Tus canas te salvan de oír lo que pienso, y más aun te salva el que en este momento tengo ocupada la boca como conducto insuficiente para jadear y llevar aire a mis pulmones.

 

Hay tradiciones que se cumplen, y una de ellas es que tras la primera subida, aunque esta esté al principio de la etapa, se divida el grupo, y este día no fue el que fuera a desmentir tal tradición. Los del grupo de retaguardia, que incluían a Antonino, Poten, David, Nacho, Javi Domínguez y algún otro que no recuerdo, no porque su merced no sea digna de ser recordado, sino porque la falta de oxígeno del momento me descomponía la memoria RAM, nos reagrupamos y llevamos a paso de recuperación la ondulada, tanto en lo vertical como en lo horizontal carretera que más verde y más bonita se ponía mientras más nos adentrábamos. Tal vez para ayudarnos a ir más lentos para disfrutar del paisaje, el viento decidió involucrarse de manera frontal.  Ahí me descolgué por un momento y, con el aire en contra, la única posibilidad era que el momento se convirtiera en eternidad. A Nacho le pasó lo mismo y los dos nos acompañamos hasta llegar al Puerto del Pico, donde nos esperaba el resto del grupo.

 

El Puerto del Pico es un buen ejemplo para entender cuando en el Tour o la Vuelta, el Loro Flaco, perdón, Perico Delgado habla de cómo una cara de un puerto es más dura que la otra. Por la que habíamos llegado apenas si se podía llamar puerto, la base del puerto estaría a 1200 metros y el puerto en si a 1350 (para los poco agraciados en las matemáticas, míseros 150 metros de diferencia), por el otro lado la caída durante los siguientes 10 kilómetros era de 600 metros hasta San Esteban del Valle, donde desayunamos. Durante el inicio de la bajada, vi como mi estabilidad en la bici se reducía. Alguno podrá pensar que esto se podría deber al viento cruzado, pues no, o a algún buje suelto, pues tampoco. La falta de estabilidad se debía a que cuando mis ojos veían esos precipicios a los lados de la carretera, repentinamente, mi centro de gravedad, que mientras más bajo, más estable, se elevaba  rápidamente a la vez que mis huevitos de sacarina (endulzan pero no engordan) se me subían hasta la garganta.

 

Por fin en el pueblo de San esteban del Valle nos reunimos todos al desayuno. ¿Todos? Tras pasar lista nos dimos cuenta de que nos faltaba uno ¿Alguien ha visto a Angel? ¿Te refieres al que iba como la diarrea de bajada? (La diarrea, sabrán ustedes el lo más rápido del universo, más rápido que el rayo o la luz misma. El otro día estaba ya dormido, en eso me entraron ganas de ir al baño, me levanté como rayo, encendí la luz y ¡ya me había cagado!) Al parecer Angel no había tomado el desvío y había seguido bajando hasta donde empezaba el puerto, a 22 kilómetros de la cumbre, en vez de a los 16 a los que nos encontrábamos el resto. No sé si fue por diseño o por desdicha pero sí por desempeño que fue el único del grupo que hizo todo el puerto. El resto salimos y nos dimos a la tarea de remar p’arriba. Cada quién a su ritmo y en santa paz, hasta que un par de jijos del maíz decidieron que había que salir más tarde para poder pasar a todos y quitarles cualquier ínfula de deportista. Ustedes saben a quienes me refiero, Luis y Miguel, no digo que hayan sido vuestras mercedes, pero la sospecha es fuerte. “Esto es desmotivación totalmente gratuita e innecesaria” alcancé a gritarles cuando me pasaban, pero no quise entrar más al trapo y seguí a mi ritmo. Por fin llegamos al puerto y el “buen” Sebas nos tenía otra sorpresa ¿Y para qué bajar directamente al pueblo si se podía bajar por una ruta que nos despedía con un repecho de unos 500 metros y rampas superiores al 10%? Y ahí va su grupo de pendejos atrás del Sebas que, nuevamente, se situó arriba para ver a quién le colgaba más la lengua.

 

De ahí a la piscina municipal a darnos una necesaria ducha, por su poder rejuvenecedor pero más porque no sé si a alguno le ha tocado tomarse una cerveza al lado de Antonino nomás terminar una etapa… mejor no hacerlo. En la ducha Javi Domínguez dio vuelo a su afición de fotógrafo que ya pudimos ver en la subida al Vellón, pero que esta vez era más clásica.. clásica en el sentido de cómo eran representados los griegos deportistas en las estatuas de la época: Como Dios los trajo al mundo. En fin, les pido amigos que demos la bienvenida a la diversidad en nuestro club y si bien al resto nos pueden gustar las fotos en pocos paños del sexo complementario, aceptemos que Javi prefiere las del propio.

 

Con una mejora sustancial de la compañía, nos sentamos a comer… y comer… y comer todo lo típico de la tierra: patatas revolconas con sus tropezones, revueltos de esto y del otro, paletilla, chuletón (de Avila, of course) acompañados de vino y cerveza que su Charro Negro, en categoría de conductor asignado no pudo probar, pero dicen las malas lenguas y los buenos paladares que los vinos cumplían.

 

En resumen, un día muy agradable que hay que repetir, igual que hay que repetir aquello que hace muchos días (y más noches) también muy agradables: hoy toca.

Luis Vivanco

XXIV – ALDEAVIEJA

13-5-12 Ruta Nº 11 (ALDEAVIEJA CON CLUB AMIGO)

Debemos destacar, sobre todo lo acontecido en el día de hoy, la puntualidad de los asistentes, que si mi memoria no me falla hemos sido:

Poten, Manolo (Jubi), Ricardo, David Toro, David Serrano, Alberto; Javi Domínguez, Miguelón; Amador, César (que el mamón es padre desde hace 8 meses), eso sí, se ha encargado en recalcar que su niña es gallega, y se lo hemos tenido que sacar con sacacorchos Pablo, Nacho, Paulo y yo. Y como no podía ser de otra manera, al volante del coche “Sebastián” con Ricardo padre.

En la salida hemos visto a un integrante del “club amigo”, Vicente, y no los hemos vuelto a ver hasta el desayuno, que según entraba un servidor por la puerta del garito, salían ellos. Sólo les he podido decir “adiós, amigos”.

David Serrano ha tenido la mala suerte, o no, de romper la cadena antes de Salir del Escorial. La ha arreglado mientras otros íbamos abriendo camino.

Como no podía ser de otra manera, la coronación al puerto del León, ha sido un rosario, lo que  ha supuesto que la espera haya sido escasa por parte de todos, porque los más fuertes se habían quedado con él a arreglar la cadena. Allí estaba Sebas para darnos comida o lo que necesitáramos.

En los “llanos” hasta Villacastín se han hecho varios grupos. Esta situación es lógica, o no, porque los de delante llevaban un ritmo que todos no podíamos aguantar y porque Paulo, que no termina de “encontrarse” se descolgó y nos quedamos con él Nacho, Manolo y yo.  Después me dijo Poten que él y Alberto también formaron grupo.

Intermedio: podéis ir a tomaros algo.

En La Cruz de Hierro he empezado con la idea de subir fuertecito, vamos con los de delante, pero a los 3 ó 4 Kms. me he dado cuenta de la cruda realidad. Así pues, he puesto mi marcheta e iba viendo el desaguisado: dos grupos de dos y el resto de uno en uno. Llegado al alto, no podía faltar subir a los molinos. Pillo carreterín hacia arriba y nada más empezar, el —–. Después, —-,—–, —– y me parece que —-. No recuerdo bien, así que si me he olvidado de alguno que lo ponga más abajo, será señal que le la crónica, es más, después de lo escrito voy a borrar los nombres y voy a dejar escrito que he sido el único, con dos cojones.

Bajada fantástica hasta la Lancha. Es un puerto que no tiene mucho desnivel, pero se hace pestosillo. Lo he subido con Poten que por lo que he visto después, iba esperándome, si no es así, que lo diga, es más para saber si lee la crónica, cambio. Le he hecho la subida al Poten: no me ha dado ni un relevo.

Sin incidencias en la bajada hasta la carretera que viene de Ávila y que nos ha llevado a El Escorial. Hasta el inicio de la Paradilla, ha habido de todo: Salida de cadena, semi-nalgada, descuelgue por mi parte y por parte de Ricardo.

LA PARADILLA. Puerto criminal donde los haya en día de calor: hemos hecho la subida con una temperatura de 36 grados. Como ya lo conozco he ido de menos a más, dentro de mi “más”. He iniciado la subida con Ricardo. “Estoy muerto, Antonino” “venga, coño, que tu puedes llegar a ellos (nos sacaban 100 m.). Anímate, Ricardo”. Y lo ha hecho. Ha cogido a tres o cuatro. Hasta que ha visto al Poten. En ese momento, creo, ha hecho ploffffffffff. ¡¡¡¡Qué tendrán los cuñaos!!!!. Por una vez he deseado que el puerto hubiera tenido dos kilómetros más con el fin de haberme metido en la pomada. Según iba llegando arriba iba viendo cosas que a uno le sube la moral.

Me gustaría que el final de la llegada al puerto la escribiera alguien más abajo, para que todos nos enteremos de la que ha pasado.

Antonino.

XXIII – PATONES DE ARRIBA

En primer lugar agradecer a todos los socios la colaboración en la elaboración de estas crónicas que cada uno con su prosa, sus chascarrillos y su forma de entender esto de montar en bicicleta han ido enriqueciendo semana tras semana nuestra página Web. La idea de mi buen amigo Sergio ha ido afianzándose y ya forma parte de otra tarea más, además de dar pedales.

Una reflexión. Casi todas las crónicas de las rutas de este club podían ser las mismas. Salida desde el Club a la hora establecida con algunos componentes, poco a poco se van añadiendo unidades mientras se va saliendo de la ciudad. Una vez que estamos todos no sé porque razón el ritmo se va acelerando a la misma velocidad que las casas y la solidaridad van desapareciendo y si además hay algún repecho pues más deprisa todavía. Los integrantes se van cortando poco a poco y se van haciendo grupitos de varios en cabeza, otro grupo de tres, de dos, etc., incluso alguno va solo, y al final el pelotón de cola formado por dos o tres. El concepto de reagrupamiento, de vez en cuando, no se utiliza con frecuencia. Se llega al desayuno y volvemos a estar todos juntos. El regreso igual que la ida pero si cabe un poquito más deprisa. Al final algunos nos tomamos unas cervecitas y a esperar al siguiente domingo. Abundando en esto de la reflexión es indudable que en el club no todos somos iguales, ni siquiera parecidos, tenemos distintas alturas, forma física variada, corpulencia, etc., incluso hasta tenemos edades bien dispares que hacen que nuestro rodar nunca podrá ser el mismo. Nuestro comportamiento sobre la bicicleta debería contemplar estos parámetros. Creo que lo que se siembra es lo que más tarde se recoge.

Resumiendo, este es el concepto que tenemos de Club. Pero bueno vayamos a las otras circunstancias que en el día de hoy han acontecido. Un socio no parecía encontrarse en optima forma (se ahogaba), y decide hacer la ruta un poco más llevadera por un camino más liviano, a lo cual le acompañan otro dos. La soledad no es buena compañía. En el transcurrir de los kilómetros volvimos a reunirnos y una vez roto el pelotón debido a la ayuda inestimable del aire nos quedamos unos cuantos, los cuales fuimos refugiándonos de vez en cuando detrás del coche de apoyo. Del resto no se sabe nada, se supone que al igual que nosotros iban disfrutando del aire en contra.

Después de la subida  a Patones se decide desayunar en Torrelaguna. Feliz encuentro con varios ex socios y con algún que otro amigo de carretera.

El regreso como siempre, con el aire a favor y al grito de marica el último pues ya se sabe, no valía con ir a 35 o 45 km por hora, hasta el que se ahogaba al principio ahora ya iba desahogado. Yo tengo que agradecer la colaboración inestimable de Manolo A. y Nacho que me ayudaron a regresar de forma bastante honrosa. Venía bastante tocado.

La cervecita nos sentó de maravilla y creo que gracias a ella ahora puedo escribir estas líneas.

Acabo esta perorata deseando a todos una feliz semana.

Manuel Ángel Villalobos

XXII – LA PEDRIZA

La Pedriza.

Crónica de una etapa anunciada, pero poco asistida. (equis, equis, dos palitos).

Si la Semana Santa había vacaciones de bicicleta hubo algunos que no nos enteramos, especialmente el encargado de programar las rutas. Y debo de decir que fue una suerte el que no hiciéramos, pues la etapa era muy bonita y el clima perfecto. Aunque las cosas, hay que decirlo como es, no pintaban bien cuando puntualmente me presenté en el club y no vi a nadie. Mi primer a reacción fue pensar que me había dejado la gachupinada (peyorativo de uso exclusivo azteca para referirse a los invasores). En eso veo acercarse caminando a Manolo, el mayor, y me dice “Pues vámonos tú y yo, porque con tres que somos (Poten nos esperaba en Tele5), no habrá coche”. Subimos las bicis a mi coche y nos dirigimos a Tele5. A punto de salir llegó Joaquín que se lanzó rápido por el carril bici y al que pronto se le unió Nacho, quedando todos de vernos enfrente de la Academia de Policía. Y aquí viene el quid de la cuestión, pues llegando al punto de encuentro, este se convirtió repentinamente y sin aviso en un punto de desencuentro. Verán ustedes, compañeros, ciclistas todos, hombre de bien, gachupines (a excepción de un gabacho y de su Charro Negro huachichil), las reglas del uso del coche son harto claras y dicen que habrá coche siempre y cuando haya más de 5 ciclistas. Como dicha cifra no se había logrado, a Javi Domínguez se le dio el día libre, eximiéndolo de dicha tarea. ¡Pues háganme ustedes el fabrón cavor si llegando a la Academia no estaban ahí dos integrantes más que hubiera justificado el que hubiera habido coche! Lo que no justificaron fue el no haber avisado. Como cronista es mi deber mostrar no solo lo bueno (de lo que hay mucho) sino también lo malo y en este caso debo de decir que en la salida a la Pedriza hubo un culpable de que muchas cosas pasaran, empezando por no tener coche pero siguiendo por otras como la división (física durante la ruta) de nuestro de por sí pequeño grupo y, demos gracias de que no haya llovido, pues si no también hubiera sido culpable de ello. He llegado incluso a sospechar si en realidad el ingrato no habrá nacido en Holanda, pues ‘Holanda cagando en una cosa, Holanda cagando en otra’ No voy a decir su nombre, pues el objeto no es señalar con el dedo a nadie, sino que todos aprendamos una valiosa lección. Así que no te preocupes Alberto, que tu identidad está a salvo conmigo. Así que a un ritmo placentero subimos todos juntos hasta Colmenar Viejo: Manolo ‘el mayor’, Joaquín, Poten, Nacho, David, ‘aquel que no debe de ser nombrado’ y el Tigre de Matehuala. Os voy a pedir que no intentéis indagar más sobre el asunto, pues no pienso decirle a nadie que la persona que tantos desagravios causó en nuestras sensibles almas es Alberto González Martínez, el que lleva la Orbea azul y negra con el grupo Sram Force ¡a nadie! El secreto morirá conmigo. Alberto, te repito, tú tranquilo.

Es digno de mencionar que Joaquín traía la tercera bicicleta diferente en el mismo número de salidas, que este chamaco tiene más bicicletas que calcetines (igual por eso es que le huelen de tal manera los pies). Esta vez era una Pinarello de contra-reloj. Sospecho que era contra-reloj-de-cuerda, pues durante toda la ruta se le veía salir disparado y alejarse algunas centenas de metros hasta que el grupo le daba alcance, desinflado, pocos minutos después, solo para que pasados unos metros lo viéramos de vuelta salir como alma que lleva el diablo.

Llegamos todos unidos hasta la entrada a la Pedriza y cada quien cogió su rumbo y a los que no lo hicieron, el ritmo se los cogió a ellos, pues la subida no era muy larga, pero sí muy dura. Vamos, que era como su Charro Negro, chiquito pero cumplidor (Nota: en mi tierra se usa el verbo “cumplir” en relación a la relación con la pareja). En lo que ajustaba piñones, un grupo formado por Poten, David y ‘aquel que cuyo nombre no diré’ ya me llevaban 100 metros, hacia atrás no veía a nadie. Tras un kilómetro de pendientes que llegaron al 11% y que rara vez bajaban del 9, vi que la distancia con el grupo de cabezones (no me acuerdo si se dice así o ‘de cabeza’, pero en este caso creo que se aplica más el término usado) se había reducido significativamente, o como decimos en mi rancho: un chingo y dos poquitos. Alma caritativa que soy, decidí no pasarlos para no bajarles la moral y reduje mi natural ritmo (tan natural que no bajé nunca de 178 pulsaciones por minuto). No lo dejé en eso, sino que me mantuve unas decenas de metros por atrás en caso de que alguno se descolgara, poder empujarlo hasta la cima. ¿Qué se le va a hacer? Es mi generosa naturaleza. En la bellísima cima me encontré con que faltaba David, que había bajado por la pendiente contraria. El culpable anónimo me invitó a que explorara dicha pendiente en compañía de David (mejor invítame una cerveza, le dije), pero han de saber todos ustedes que yo soy un gran creyente en los poderes de la narración e igualmente en las nuevas tecnologías. Así que decidí que la narración que me pudiera hacer David y las fotos que pudiera ver en Google Earth cumplirían ampliamente con la función de hacerme vivir lo que era esa pendiente sin necesidad de bajar por ella. Manolo, el mayor, llegó con una tos que se mostraba con una algarabía que no estoy seguro si su portador compartía. Es no solo merecedor sino necesario mencionar que Manolo, el mayor, se subía a la flaca por primera vez en tres semanas y a pesar de no estar del todo bien de la tos… ¡Y! haciéndolo sin la red de protección que ofrece el coche. Eso es tener dos bien puestos, señores.

Si las bajadas son el premio recibimos por lo que pagamos con las subidas duras, en este cazo la Pedriza nos queda debiendo. Al firme de la carretera se le puede llamar de todo menos eso, firme. Más que poder divertirnos en buscar la parábola de cada curva, nos teníamos que preocupar por identificar la ruta que menos baches y deformaciones tuviera. La primera recompensa no vendría hasta el desayuno de Manzanares el Real, donde Joaquín contemplaba su nuevo amor hasta que uno le dijo que la quitara de la planta en la que la había apoyado. Luego, mientras iba a pagar, el camarero se llevó su cerveza sin terminar, que tuvo que ir a recuperar de la barra misma. Menciono esto pues es el único agravio de toda la jornada de la que NO es culpable aquel cuyo nombre se irá a la tumba conmigo (aunque no puedo jurar que no se haya compinchado con el camarero). El regreso llevó lo de siempre, periodos muy tranquilos, principalmente hasta Colmenar, con periodos mas rápidos, principalmente Poten y el Fuego Azteca, que hoy se reivindicó con la “dada de nalgas” que hizo la semana pasada y que amablemente nos comunicó Antonino.

Cerveza en Las Tablas y a casita. Cumplo mi labor de recordaros a todos que, esta semana, también toca.

Luis Vivanco

XXI – DRIEBES

Driebes XXI

 

Domingo, 7:45 am, abre los ojitos su Charro Negro a horas a las que, en fines de semana, no acostumbra acudir a la realidad. ¿Qué se le va a hacer si a las 8:15 hay que estar en el club para dirigirnos a la salida en Alcalá de Henares? Y es que viendo un programa el sábado por la noche se me plantó una pregunta formulada en un programa que me tuvo pensando en ella y no me dejó caer en los brazos de Morfeo hasta altas horas de la madrugada. “¿Puedes ser tú la siguiente top model española?”. Con eso tuve y en una versión más actualizada de la incógnita que un día Hamlet se hiciera mientras Dinamarca olía a podrido, me puse a sopesar si en verdad podría ser o no ser (la próxima top model).  De pronto, tras varias horas de insomnio, me dije “No seas pendejo ¡si tú eres mexicano! ¿Cómo chingaos vas a ser top model española?” Y  a dormir.

 

En varios coches agrupados nos dirigimos hasta el punto de partida donde al poco llegó también Miguel Ángel y nos dispusimos a partir. Sebas llevaba esta vez de copiloto a Manolo Villalobos (es pa lo que ajusta hoy en día). No estábamos todos los que éramos, pero si éramos todos los que estábamos. Lo anterior es especialmente verdad porque hubo algún despistado que no se enteró de que la salida no era desde el club y, según dicen las malas lenguas, llegaron montados en dos ruedas a las nueve al club para encontrarlo más vacío que la fiesta de celebración del PSOE las últimas elecciones generales o la de Arenas en las últimas autonómicas. Así que partimos sin los despistaos y sin un par de tramposos que tampoco se presentaron.  ¡Cuál fue mi felicidad al ver que lo primero que había era una buena subida de un par de kilómetros! “Así hacemos la subida de arranque y luego ya podemos relajarnos” pensé. A nadie se le ocurrió avisarme que no era más que la tapita que te ponen antes de servirte un cocido completo. E iluminado por el sol eterno de los que tienen la conciencia limpia (astro que también ilumina a los ilusos como yo que optan por pensar que los retos serán siempre sencillos de superar) hice los pocos kilómetros de falso llano que preceden a la subida a Corpa. Veo en encabezado de este escrito que es la crónica Driébes, equis, equis, un palito, lo cual le viene muy bien para el palo que fue hacerla. Etapa, sin embargo, de clima, paisaje y subidas estupendos. Estupendos por si solos, mas no si se comparan al desayuno del que más tarde hablaré.

 

Donde realmente acabó por valer madres la cosa es cuando, nomás pasando Pezuela de las Torres a los 21 kilómetros, nos toca una bajada que invitaba a dos preguntas ¿cómo agarro la curva para no caerme?, la más inmediata, y ¿cómo diablos le voy a hacer para subir esta madre al regreso?, la más terrorífica. Tras la bajada nos tocaron los únicos 7 kilómetros de todo el recorrido que NO estaban de subida o bajada y agarramos un ritmo chulo de a madres. El acordeón que suele ser la grupeta, estirándose en las subidas, ahora se encontraba en su punto más compacto. Todo era cordialidad hasta que a Antonino, que iba en la antepenúltima posición, se le ocurrió tomar un atajo a través de una gasolinera. Yo, que iba en la última, lo seguí solo para cumplir mi labor de reportero y cronista y no por hacer trampa como él. Tras los dimes y diretes pertinentes y mi promesa de incluir el incidente en la crónica (promesa cumplida), continuamos hasta Driebes donde nos esperaba no solo una de las mejores tortillas (dígase en el lingo local, que no en el de origen del que esto escribe) que alguien puede comer, sino la calurosa acogida de los padres de Joaquín que nos hicieron, de manera totalmente voluntaria y no coaccionada, romper la regla de los quince minutos de desayuno para disfrutar del buen rato. Mostrándonos uno de los muchos árboles de la propiedad, nos contó su madre que cuando lo sembraron Joaquín era pequeño y le tomaron una foto con el árbol, que por ese entonces tenía la misma altura que el vástago. A mi madre se lo ocurrió lo mismo, pero previsora que era y siendo yo el primero de la fila en el cole (aunque luego me quisiera hacer creer que tal puesto lo tenía porque era el favorito de la profe), me tomó la foto junto a un bonsái.  Bueno, que nos queda claro a todos los que estuvimos ahí de donde le vienen los buenos genes a Joaquín y por qué es tan simpático el chamaco (me asegura Joaquín que esto la va a leer su madre, así que algo bueno tengo que escribir del muchacho, aunque sean mentiras y de las gordas. Eso de que sea simpático ¡hay madre mía!) Lo que es la neta del planeta (la verdad innegable) es que la familia de Joaquín, por si sola, hizo especial esta salida.

 

Y aquí viene una propuesta. De la misma manera en que se ha asignado el papel de cronista oficial al Juan Rulfo de los poco dotados (para las letras, que de cosas privadas no hablo) ¿no podríamos asignar a Joaquín el papel de “desayunador emeritus” para que sea él el que se encargue cada domingo de que nos alimentemos bien? Por favor, levantad la mano aquellos que estéis a favor.  ¿Se pueden imaginar una tortillita como la de ayer cada domingo? ¿Unas alitas de pollo o un jamón recién cortado? ¿No sería otra cosa el salir a rodar ante tales incentivos culinarios? Por cierto, ya pueden bajar la mano los que la hayan alzado, se me olvidaba que estoy escribiendo y que no puedo verlos.

 

Regreso en grupo hasta la subida antes mencionada que tenía un tramo de 2.5 kilómetros con pendientes que oscilaban entre el 7 y el 11%. No hay piñón demasiado grande o plato demasiado compacto para esas cuestas que hasta las cabras respetan. Lo mejor es que al llegar arriba era con la tranquilidad de que solo quedaban (principalmente) bajadas. Caras alegres en Alcalá y recuerdos de una etapa muy bonita que no quedará solamente en la memoria gracias a la labor gráfica que Manolo Villalobos hizo a lo largo de toda ella. Para mi, una manera de ayudarme a olvidar la triste impresión que me dejó mi viaje a Barcelona de días anteriores. Niños, bebés casi, a los que se les crean minusvalías y prejuicios desde pequeños. Por todos lados estos inocentes con ¡camisetas del Barça!, algunas incluso con el nombre de Dani Alves. Hagamos algo compañeros, se aceptan camisetas infantiles del Madrid o del Aleti para enviarlas a Barcelona y ayudar a enderezar a esos pobres inocentes.

 

Con esta labor filantrópica, les recuerdo que este jueves hay salida y que, aunque sea Semana Santa, al menos una vez, toca (y aquí no hablo de ciclismo).

 

Luis Vivanco